Centro de acopio en la UBV Nueva Esparta: Un doblete de voluntades ante la adversidad

 


Por: Yenny Leal Herrera

¿Puede el alma humana, en medio del peso de la más horrenda tragedia, sublimar el dolor, transformándolo en una fuerza que cohesiona voluntades, para llevar una muestra de su solidaridad a quien sufre?...¿se necesita un trance tan grande de sufrimiento colectivo para salir de nuestro ensimismamiento y para dar rienda suelta a todo lo bueno que guardamos dentro, olvidándonos de cualquier individualidad?...¿qué necesitamos para unirnos en un verdadero estado de hermandad, de verdad es dolor?...

De ver tantas imágenes y vídeos terribles, así como transmisiones de los medios de comunicación desde La Guaira, donde la devastación dejaba claro el alto nivel de letalidad de dos sismos de más de 7 puntos sobre la Escala de Richter, como tantos venezolanos, me sentía sumergida en la oscuridad y en la angustia, pensando: "Dios ¿qué hago para ayudar?"...y gracias a la providencia, encontré una especie de consuelo en un lugar que para algunos puede ser solo un centro laboral o de estudio, pero que para mí es mi casa, la UBV Nueva Esparta, donde se creó un centro de acopio para en medio de la tragedia, ayudar.

Al unirme a tal acción, pronto me tocó convocar a los estudiantes de comunicación para que participaran, por lo que recibí el siguiente mensaje en respuesta: "Hola, soy Yolemmy Amundaraín, yo puedo participar como voluntaria en el centro de acopio". Al leer aquel texto, mi corazón dió un vuelco, no sólo porque la manifestación de disposición fue inmediata, sino porque se trataba de una estudiante con discapacidad, que me ratificó que una limitación física no te define y que el verdadero problema que puede tener un ser humano es la incapacidad de dar lectura emocional y espiritual a lo que sucede a su alrededor.

¡Gloria a Dios en las alturas! cuando observé que, aunque muchos de los que participamos en ese centro de acopio no sabíamos muy bien cómo se hacía todo, nos repartimos las tareas de forma compartida e individual al son de: "¡Yo escribo, él ordena, ella empaqueta, aquel busca las bolsas, ya fueron a imprimir los volantes, los muchachos fueron para el boulevard, vamos a inventariar...".

Docentes, estudiantes, personal administrativo...todos con una disposición enorme para colaborar, estudiantes que en la distancia (física) apoyaron incluso para comprar medicinas, otros llamando, profesoras articulando, estudiantes haciendo abordajes a las familias captadas para entregar insumos en tiempo real, profesores poniendo su carro a disposición para logística, unos hacían café, otros lo servían...unos traían galletas, tirros, ropa, bolsas de tela, sábanas, zapatos...todos haciendo, todos aportando ...en medio de un shock emocional nacional sin parangón, con angustia, con mucho dolor en el corazón...pero lo más importante, con un nivel de empatía grande.

¿Cuánto somos capaces de dar, aún en medio de un golpe tan fuerte, con nuestro sistema de alerta al máximo, con nuestro sistema nervioso al límite? ...eso me pregunté cuando veía a compañeras asistir con la cara llena de consternación e incertidumbre por el bienestar de seres queridos afectados, cuando nos enteramos sobre el fallecimiento de familiares de compañeros, cuando nos llegaron noticias de integrantes de la comunidad ubevista fallecidos, cuando ví de lejos el rostro lleno de lágrimas de una de nuestras compañeras de Talento Humano, acabando de recibir el parte sobre el fallecimiento de uno de sus primos, luego de pasar días y días buscándolo en las listas de desaparecidos. Días de dolor, días de desconcierto, de tener el alma rota y aun así, allí nos encontramos...con nuestras fallas y fortalezas, con nuestros puntos de encuentro y desencuentro, con nuestras ganas de llorar a flor de piel, pero con la certeza de que accionar para poder ayudar en algo, era una curita para el alma en un momento de colapso.

El personal docente ¡Qué orgullo siento al pertenecer a un equipo con la fibra humana tan enorme! Humana se escribe con "H" de Hildelgardys...la entrega, la disposición, las orientaciones...estudiantes con ideas como Yolemmi, Eddy, Diana, Luis, que no dudaron ni un momento en ir conmigo de boulevard en boulevard, de cuadra en cuadra y de tienda en tienda para promocionar la noble actividad humanitaria de nuestra universidad, instando al apoyo voluntario y a la sensibilidad social, el departamento de Talento Humano aventurandose con nosotros a buscar algunos insumos faltantes en la calle, cuando ni sabíamos cómo sería la receptividad que nos darían...acompañar a los muchachos a comprar medicinas para  entregarlas personalmente a sobrevivientes, con el motor de corazón que tiene nuestra estudiante Yorneys Gallardo, que sigue pendiente de las familias que vio, de las personas que conoció.

Sí, puede ser que no seamos unos "expertos" en la organización de un centro de acopio, es posible que no seamos "muy pulidos" en esos menesteres, pero me enorgullece que aun así y en medio de tantas emociones encontradas, tuviéramos y sigamos teniendo la capacidad de saber llevarlo, incluso en los días del fulminante impacto.

Pensar en lo que hizo y sigue haciendo nuestra universidad y cientos de venezolanos en todos los centros de acopio del país, es tener claro que accionar, incluso en medio de los peores momentos...demuestra una fuerte resistencia a la renuncia de la propia voluntad ante escenarios crueles, el no sometimiento ante la paralización (natural) que muchas veces genera el miedo y sobre todo de la unión, como un canto de vida hecho al unísono...como nuestra forma de acompañar a los más afectados, de ayudarlos, de demostrarles que no están solos.

Decía el gran escritor francés Víctor Hugo, que el respeto por el que sufre es fundamental...y yo diría que ese respeto lo he visto en la capacidad de ser empáticos que hemos tenido los venezolanos y también todas las personas que han ingresado al país para ayudarnos, en el que ha hecho arepas para los rescatistas, en el que puso su carro a disposición para movilización, en el que se sumó a un centro de acopio, en el que donó insumos, en el que direcciona y gestiona, coordina y delega, en el que salvó vidas, en el que curó y cuida mascotas sobrevivientes, en el que es cuidadoso con la información emitida, en el que siente en su corazón mucho dolor, pero también esperanza.

Hace varios años que no hacía vida en mi universidad, pero me alegra volver a encontrar en ella a tantas personas con los mismos valores que aquí aprendí a fortalecer, como la capacidad de hacer cosas buenas por los demás.

¿Qué necesitamos para unirnos en un verdadero estado de hermandad? ¿de verdad es dolor?, yo diría que no, pero que sí necesitamos volver al real sentido para el cual nacimos, no para odiar, sino para amar.

















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